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Por qué la gente se estresa al manejar: esto dice la ciencia

Especialistas analizan el detrás de un fenómeno mundial y revelan qué sucede en el cerebro cada vez que una persona se sube al volante.

Para muchas personas, manejar es una actividad estresante. Puede que alguna vez hayas sido testigo o víctima de algún insulto. O, tal vez, fuiste vos la persona que insultó. Por suerte, no estamos acá para juzgar a nadie sino para esclarecer qué es lo que le sucede al ser humano cada vez que se sube al volante.

Para la ciencia, no hay una única respuesta. De hecho, manejar puede ser una actividad relajante. Lo cierto es que muchos factores entran en juego para explicar qué le pasa a un conductor al manejar, si es de los que se estresan o de los que escuchan música plácidamente. O ambos.

En conversación con En Movimiento, Gabriela Gonzalez Alemán, Directora Ejecutiva en Brainpoints y Neuropsicóloga, explica que estresarse o no al manejar "depende del contexto", y agrega que en lo cotidiano "es algo que suele estresar porque el contexto involucra la llegada a determinado horario de muchas personas al mismo tiempo". La relación que hay entre el tránsito y el tiempo de llegada es algo que empieza a imprimir determinado estrés, completa la especialista.

Paralelamente, expresa que hay una cuestión de la vida moderna en la cual las personas disfrutan bastante poco del camino y están siempre con la vista puesta en la llegada. "Esto configura una forma de manejar que es totalmente ansiosa", insiste. Hay estudios -destaca la experta- que avalan que, tanto el contexto del auto como los mails y la televisión, quitan a la persona del ‘aquí y ahora’. Incluso llegan a ser un espacio de distracción para el sujeto.

"Son tres espacios que tienen cierta mezcla de placer y aburrimiento. La persona va con un nivel de distractibilidad bastante grande. La percepción de esta propia distractibilidad también estresa. Muchas personas tienen la experiencia de decir: ’¿cómo llegué acá?’. Es el viaje cotidiano que uno hace de forma automática. Eso también genera estrés", sostiene Alemán.

Muchas veces, el estrés se traduce en violencia, tanto física como verbal. Sobre esto comenta a En Movimiento la Doctora en Neurociencia Selene Vicario Domínguez, quien comparte algunas hipótesis sobre por qué, según la ciencia, aumenta la agresividad al volante:

  1. Aprendizaje. "Los menores que ven cómo sus padres o personas que los llevan en auto son agresivos al volante pueden aprender el mismo patrón y reproducirlo en un futuro".
  2. Ansiedad. "Cuando conducimos, requerimos de un control atencional constante y estamos en estado de alerta. Es decir, en una actividad del sistema autónomo simpático constante (sistema de lucha y huída), y nos hace más proclives a la ansiedad y, por ende, a reaccionar con agresividad. Las personas que están constantemente en la calle desarrollan una mayor gestión del estrés, es decir, no reaccionan agresivamente porque controlan más el estrés por la misma costumbre de conducir. Lo mismo que le pasa a los bomberos en situaciones de enfrentarse a fuego, ya que están entrenados para eso".
  3. La postura en el volante. "La postura influye en la capacidad respiratoria. Las personas que tienden a la ansiedad tienen una posición de hombros y cabeza caídas hacia adelante, lo que provoca una respiración abdominal. Muchos de nosotros, cuando conducimos, vamos en esa posición; lo que nos hace no tener un patrón de respiración asociado a la relajación, y nos provoca una hiperventilación que aumenta el estrés y la ansiedad".

Los factores en juego

Como se mencionó anteriormente, son varios los factores que entran en juego a la hora de conducir y que pueden generar estrés. Javier Lazzati, Psicólogo Clínico y Neuropsicólogo, enumera entre ellos "la personalidad del conductor (cuanto mayor sea la tendencia a experimentar ansiedad, más elevada será la probabilidad de experimentarla al conducir); el lugar en el cual se conduce (se sabe que en grandes ciudades el estrés es mayor que en ciudades pequeñas); la confianza que tienen en sí mismo (es decir la autoestima que poseen los conductores) y, últimamente, en cómo se sienten cada día específico en el cual conducen".

Según el especialista, hay muchos estímulos que afectan negativamente a la psiquis de los conductores. "Por un lado, los estímulos relacionados con posibles choques: personas que no usan la luz de giro al doblar en una calle o que no utilizan balizas; conductores que no respetan las reglas. Por otro lado, los estímulos que son propios de la personalidad, como conductores agresivos, personas que tocan bocina sin cesar y demás cuestiones que se relacionan con la personalidad", profundiza.

A su vez, las emociones como el enojo o el miedo repercuten en la capacidad de manejo de las personas, añade Javier Lazzati. "En el caso del enojo, por ejemplo, la mente se encuentra buscando amenazas contra sí mismo y esto hace que el cerebro desvíe recursos atencionales a otros estímulos y no a los que debería prestar atención dentro de un vehículo", afirma.

Ejemplifica con un fenómeno que le sucede a muchas personas cuando, previo a estacionar, bajan el volumen de la radio. "Esto se debe a esos recursos atencionales limitados que tiene el cerebro. Y el hecho de estar escuchando sonidos consume algunos de esos recursos que son necesarios para realizar actividades como por ejemplo, estacionar".

El enigma

"La vida es un 10% lo que nos sucede y un 90% qué hacemos con lo que nos sucede", se suele decir. Por eso, dos personas pueden reaccionar de manera opuesta ante un mismo problema. Lo mismo sucede al volante. Sin embargo, hay personas que son tranquilas y que, cuando se suben a un vehículo, se transforman por completo.

La Directora Ejecutiva en Brainpoints hace una distinción entre dos tipos de personalidades. "Por lo general, se podría decir que aquellas personas que son competitivas, que necesitan hacer demostraciones de poder y necesitan mostrar que tiene control son las que, generalmente, van a tender a ser más nerviosas al volante", subraya.

De todas formas -insiste- también están las personas que son realmente tranquilas y que, al manejar, tienen estados de mayor nerviosismo. "Esas personas experimentan mucho más nerviosismo que aquellas que suelen ser más controladores. Son personas que tendrían más tendencia a desbordarse", apunta.